Lecturas obligatorias y voluntarias
by Víctor
Lecturas obligatorias
Primer trimestre:
- Carlos Ruiz Zafón: Marina. Planeta.
Navidad:
- Fernando Lalana: Morirás en Chafarinas. SM.
Tercer trimestre:
- Federico García Lorca: La casa de Bernarda Alba. Cátedra.
Lecturas voluntarias
- William Shakespeare: Romeo y Julieta. Anaya.
- Benito Pérez Galdós: Marianela. Vicens Vives.
- Benito Pérez Galdós: Tristana. Alianza Editorial.
- Miguel Mihura: Maribel y la extraña familia. Cátedra Base.
- César Mallorquí. Las lágrimas de Shiva. Edebé.
- Miguel Delibes. El camino. Destino.
- Gustavo Adolfo Bécquer. Rimas y leyendas. Teide.
- Ramón J. Sénder. Réquiem por un campesino español. Destino.
- Gabriel García Márquez. Crónica de una muerte anunciada. Debolsillo.
- Julio Verne. La vuelta al mundo en 80 días. Teide
- Eduardo Mendoza. Sin noticias de Gurb. Seix Barral.
- R. L. Stevenson. La isla del tesoro. Vicens Vives.
- José Zorrilla. Don Juan Tenorio. Austral.
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Víctor
Letras
by Rocío
Dicen que cuando algo pasa en tu vida, cuando algo es tan importante en ella como para hacer temblar sus cimientos, las sonrisas y las lágrimas afloran a partes iguales. Al menos, eso pienso yo.
Llevo meses sintiéndome culpable. Con esa culpabilidad que solo ataca al curioso al callar sus preguntas. Con esa culpabilidad que solo afecta a quien tiene algo que contar, algo que enseñar, algo que mostrar... Y no lo hace. Llevo meses así. Notando mi falta de fuerza al enlazar dos palabras seguidas, mas queriendo hacerlo pues eso me llena de vida al romper la triste rutina. Pero... ¿Qué hacer cuando los pensamientos son los monótonos? ¿Cómo actuar ante el caos de mi cabeza? ¿De qué forma resolver esa encrucijada que me robaba el aire? Pues las letras pervivían ahí, en el último pensamiento antes de dormir, en el primero al despertar. Más de un día me he sentado frente al ordenador, notando el picor en mis ojos ante la falta de orden y ánimo. Notando un pequeño puchero, similar al de un crío, al no saber qué era aquello que me oprimía. Y yo misma, al escribir las primeras lineas, era el dictador que censura lo escrito. Inconformismo. Esa era la puntilla que terminaba de destruir la poca creatividad que me acompañaba.
Sin saber bien por qué, al refugiarme en el calor de un buen libro, aun la culpabilidad era mayor. A cada nueva oración, a cada reflexión profunda, a cada palabra de amor... más desvalida me sentía.
Se puede llamar tontería. Imbecilidad, también. Pero al convivir con algo, al ilusionarte sobre manera ante la compañía de un arte... Duele ver como la inspiración se va marchando poco a poco hasta dejarte vacía.
No es rellenar una hoja en blanco. Es hacer pensar. Dar tu opinión. Criticar. Llorar. Reir. Gritar que algo no te gusta. O que simplemente te encanta.
Y eso intento. Aunque quizás hoy no haya sacado nada en claro. Aunque a veces mis escritos terminen en un lugar de una libreta guardada en un frío cajón, al igual que aquel arpa situada en el ángulo oscuro del salón (olvidada tal vez por su dueña).
Hoy simplemente necesitaba desahogarme. Llorar un poco para reír después. Pero no era lugar para contar penas. No es lugar para hacer llorar. Para narrar cómo una nueva ilusión y desilusión, se ha cruzado en mi camino. Mas, con los ojos inundados de lágrimas y mil dudas a mi alrededor, pienso que... ese era el empujón que necesitaba, ese puntapié que me hacía tanta falta, para volver a sentir la necesidad de escribir sin tapujo, ni falta de aliento.
Llevo meses sintiéndome culpable. Con esa culpabilidad que solo ataca al curioso al callar sus preguntas. Con esa culpabilidad que solo afecta a quien tiene algo que contar, algo que enseñar, algo que mostrar... Y no lo hace. Llevo meses así. Notando mi falta de fuerza al enlazar dos palabras seguidas, mas queriendo hacerlo pues eso me llena de vida al romper la triste rutina. Pero... ¿Qué hacer cuando los pensamientos son los monótonos? ¿Cómo actuar ante el caos de mi cabeza? ¿De qué forma resolver esa encrucijada que me robaba el aire? Pues las letras pervivían ahí, en el último pensamiento antes de dormir, en el primero al despertar. Más de un día me he sentado frente al ordenador, notando el picor en mis ojos ante la falta de orden y ánimo. Notando un pequeño puchero, similar al de un crío, al no saber qué era aquello que me oprimía. Y yo misma, al escribir las primeras lineas, era el dictador que censura lo escrito. Inconformismo. Esa era la puntilla que terminaba de destruir la poca creatividad que me acompañaba.
Sin saber bien por qué, al refugiarme en el calor de un buen libro, aun la culpabilidad era mayor. A cada nueva oración, a cada reflexión profunda, a cada palabra de amor... más desvalida me sentía.
Se puede llamar tontería. Imbecilidad, también. Pero al convivir con algo, al ilusionarte sobre manera ante la compañía de un arte... Duele ver como la inspiración se va marchando poco a poco hasta dejarte vacía.
No es rellenar una hoja en blanco. Es hacer pensar. Dar tu opinión. Criticar. Llorar. Reir. Gritar que algo no te gusta. O que simplemente te encanta.
Y eso intento. Aunque quizás hoy no haya sacado nada en claro. Aunque a veces mis escritos terminen en un lugar de una libreta guardada en un frío cajón, al igual que aquel arpa situada en el ángulo oscuro del salón (olvidada tal vez por su dueña).
Hoy simplemente necesitaba desahogarme. Llorar un poco para reír después. Pero no era lugar para contar penas. No es lugar para hacer llorar. Para narrar cómo una nueva ilusión y desilusión, se ha cruzado en mi camino. Mas, con los ojos inundados de lágrimas y mil dudas a mi alrededor, pienso que... ese era el empujón que necesitaba, ese puntapié que me hacía tanta falta, para volver a sentir la necesidad de escribir sin tapujo, ni falta de aliento.
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Rocío
Instrumentos de evaluación y calificación
by Víctor
INSTRUMENTOS DE EVALUACIÓN Y CALIFICACIÓN EN LA ESO
Para atender los criterios de evaluación, proponemos los siguientes medios e instrumentos:
· Exámenes periódicos sobre la materia dada.
· Controles de lecturas obligatorias.
· Presentación de trabajos con rigor y puntualidad.
· Observación diaria del trabajo y participación mostrados por el alumno en clase.
· Corrección de las tareas realizadas en casa.
· Cuaderno de clase donde todo lo realizado aparezca hecho y con pulcritud adecuada.
· Asistencia a clase y comportamiento adecuado.
· Interés y participación activa en el aula.
· Esfuerzo personal.
Consideramos que estos procedimientos son los más adecuados para realizar la observación continuada de la evolución del proceso de aprendizaje de cada alumno y de su maduración personal, como establece la ley.
· Se calificarán de 1 a 10 todas las pruebas que realicen los alumnos en cada evaluación (Conceptos y procedimientos). Será el 60% de la nota final.
· Se calificarán de 1 a 10 todas las actividades que, diariamente, realicen los alumnos, haciendo especial hincapié en la expresión escrita y en la ortografía (Conceptos y procedimientos). Será el 20% de la nota final.
· Se valorará el interés de los alumnos por la asignatura y su actitud en clase (Actitudes). Será el 20% de la nota final.
PRUEBA DE EVALUACIÓN EXTRAORDINARIA
Los alumnos con evaluación negativa a final de curso tendrán la oportunidad de recuperar la materia suspensa en una prueba de carácter extraordinario que se realizará en septiembre. Los alumnos recibirán un informe sobre los objetivos y contenidos no alcanzados y la propuesta de las actividades de recuperación.
RECUPERACIÓN DE PENDIENTES EN LA ESO
Cada profesor se ocupará de recuperar a los alumnos de sus grupos que tengan pendiente la asignatura del curso anterior. Si es necesario se mandarán actividades de refuerzo.
El alumno que apruebe la materia de un curso tiene automáticamente aprobada la del curso anterior, por considerar nuestra materia como un continuo hacerse. En caso de no ser superada, quedará en manos del profesor que la imparte, el realizar al alumno una prueba concreta, o bien, darla por superada tras observar los progresos realizados en el curso vigente.
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Víctor
Objetivos mínimos de 4º ESO
by Víctor
1. Asistir a clase.
2. Mantener un comportamiento respetuoso y solidario con el resto de la comunidad educativa.
3. Mostrar una actitud positiva hacia el trabajo y la superación de dificultades personales y académicas.
4. Expresarse oralmente y por escrito con precisión y corrección.
5. Conocer y aplicar las normas de ortografía.
6. Comprender y producir con coherencia y cohesión textos orales y escritos.
7. Identificar y emplear las distintas tipologías textuales, fundamentalmente la expositiva y argumentativa.
8. Distinguir las unidades básicas de la lengua.
9. Reconocer los mecanismos básicos de formación de palabras.
10. Analizar morfosintácticamente oraciones simples y compuestas.
11. Desarrollar el conocimiento sobre el significado de las palabras a través del uso del diccionario y la práctica de las definiciones.
12. Interpretar textos literarios identificando el género al que pertenecen y reconociendo los períodos literarios en los que se encuadran (desde el siglo XIX hasta la actualidad).
13. Aplicar los conocimientos literarios trabajados en clase en textos de producción propia.
14. Leer de manera comprensiva las obras literarias de carácter obligatorio programadas para el curso.
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Víctor
Batalla sin armas
by Rocío
Suspira, cierra los ojos y calla
al llegar la tormenta abrasadora.
Tormenta que sin piedad mueve
y hace temblar su alma.
Tras ella la noche intranquila
la cual ni consuela ni calma
el collar de perlas
que en sus mejillas arrastra.
Aparece curiosa el alba
pasada la oscura negrura.
Y los últimos golpes resiste,
mas cansada ella se rinde.
Afronta dignamente su derrota
y así gana su ansiada victoria.
¡Y ahora, pequeña mía,
respira, sonríe y habla!
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Rocío
☼
by Elena Rando
Eran exactamente las seis y media de la mañana. Todos los
días me levantaba a las seis y media de la mañana, menos los viernes, sábados y
domingos. A las siete en punto empezaba un nuevo capítulo de Doctor Who, y yo
lo veía mientras desayunaba. La tostadora estaba rota y mis tostadas solían
quemarse, pero no me importaba, porque aunque estuviesen quemadas seguían
estando buenas. Y siempre les untaba mantequilla de oliva, de esa que tiene un
color más verdoso que la normal y está más buena. Todas las mañanas me pregunto
por qué a la gente le sigue gustando más la mantequilla antigua, tan áspera y
tan... amarilla.
Las horas de amanecer eran mis favoritas. Hay gente a la que irse a dormir no le asusta, porque consideran la cama un refugio ante todo lo que ocurre durante el día. Es como si el aire del resto del planeta fuese espeso, hecho de gelatina, y la cama fuese el único espacio donde se pudiese respirar con normalidad.
Yo
no formo parte de esa gente. Por la noche todo me preocupa, porque los
problemas se esconden en la oscuridad y me acechan. Aprovechan que no puedo
verlos con claridad, y juegan conmigo. Hacen que piense y piense sin parar en
el detalle más absurdo. La noche puede torturarme si se le antoja, pero hace
tiempo que sé como dominarla. Cuando me doy cuenta de que estoy meditando demasiado,
me detengo a mí misma, dejo la mente en blanco y consigo dormir.
Por
eso, me gustaba ver como la punzante desnudez de la noche dejaba pasar a los
primeros rayos tímidos de la mañana, como poco a poco el día empezaba a cobrar
sentido. En aquellas horas todo empezaba a moverse, y daba la sensación de que
la ciudad entera bostezaba al unísono antes de ceñirse a sus estrictas rutinas,
una vez más.
Justo a esa hora, mi compañero de piso, Benjamin, salía de la cama —o más bien se arrastraba fuera de ella— para ir a trabajar. Mi compañero era de las personas a las que el día les ahogaba, él amaba dormir. Nunca lo escuchaba salir de su dormitorio porque yo estaba pendiente de la televisión, pero siempre se hacía notar dejándose caer en el sofá, haciendo que los muelles emitiesen un crujido.
Benjamin se hacía llamar Benny, aunque protestaba diciendo que era un apodo tonto de peluche o de mascota. Era evidente que su nombre le gustaba en secreto, o al menos que estaba demasiado acostumbrado a él como para pedir que le llamasen de otra manera.
Justo a esa hora, mi compañero de piso, Benjamin, salía de la cama —o más bien se arrastraba fuera de ella— para ir a trabajar. Mi compañero era de las personas a las que el día les ahogaba, él amaba dormir. Nunca lo escuchaba salir de su dormitorio porque yo estaba pendiente de la televisión, pero siempre se hacía notar dejándose caer en el sofá, haciendo que los muelles emitiesen un crujido.
Benjamin se hacía llamar Benny, aunque protestaba diciendo que era un apodo tonto de peluche o de mascota. Era evidente que su nombre le gustaba en secreto, o al menos que estaba demasiado acostumbrado a él como para pedir que le llamasen de otra manera.
A
Benny no le gustaba madrugar. Siempre se ponía de mal humor, y refunfuñaba, y
decía más palabrotas de lo habitual. Él no era un hombre atractivo, pero había algo que le hacía agradable a la vista a pesar de ser pálido y lampiño. Su rostro estaba dibujado casi únicamente con líneas rectas; tanto su nariz como sus pómulos y su mandíbula eran totalmente angulares. Su boca, en cambio, era capaz de ser especialmente expresiva. Sus ojos eran grandes y saltones, color aceituna, y tenía el cabello oscuro y liso, pero recién
levantado siempre estaba alborotado. Él intentaba dominar su propio pelo con
movimientos torpes y somnolientos, y yo me reía. Parecía una ardilla mareada.
— Buenos días — le decía.
Y pocas
veces había una palabra como respuesta, normalmente se limitaba a gruñir.
Pero a
Benny le encantaba desayunar. Le encantaban todas las demás comidas del día,
que en su caso eran unas quince. Benny comía mucho, muchísimo, y no engordaba. No estaba ni
delgado ni gordo, sino que su apariencia externa permanecía heroicamente
indiferente a lo que se metiese en el estómago. Su metabolismo era un verdadero
misterio, y él no dudaba en aprovecharlo alimentándose de todo tipo de
porquería.
No obstante, todos descubrimos con ingrata sorpresa que una invulnerabilidad
superficial no conllevaba necesariamente a una interior. Benny estuvo enfermo
la primera semana de enero del 2006 por haber bebido una cantidad inhumana de
soda durante la víspera de Año Nuevo. Me acuerdo después de tantos años porque
fue horrible. Desde entonces, siempre que estuviese excediéndose le recordábamos lo que le pasó, pero no le importaba. Nunca jamás
he conocido a una persona más terca.
En
ocasiones venía a visitarme a la
biblioteca, donde trabajo, y yo le enseñaba libros sobre dinosaurios. Le
gustaban los dinosaurios. De hecho, es lo único de lo que podía leer sin quedarse
dormido o sin que le entrase dolor de cabeza. Benny también montaba maquetas, tenía
un montón de maquetas de robots. Y las pintaba. Y las trataba con cautela y suavidad, algo que era muy extraño en él.
También solía
quedarse hasta tarde delante del ordenador, y jugaba a juegos de rol. Todas las
primaveras, cuando la alergia me atacaba y me costaba tanto respirar que no
podía dormir, siempre me sentaba en el sofá con los ojos cerrados, y me dejaba
mecer por el mecánico sonido de su personaje en el juego conjurando maldiciones
y chillando. Un pequeño caos ficticio donde él se refugiaba, porque en el fondo,
muy en el fondo, había algo con lo que no era feliz. Había algo en su
personalidad simple y directa que se enredaba súbitamente, una espina clavada
en su infranqueable muro de satisfacción.
Benny era
vago, ordinario, desordenado, un hombre pueril y desaliñado a punto de cumplir
treinta años. Él era una persona natural y espontánea, quizá demasiado. Y se mostraba orgulloso ante su manera de actuar, pero, en
realidad, no siempre lo estaba. En ocasiones olvidaba que los demás sí tienen
miedo a hacer el ridículo, aunque él no lo tuviese. Estaba cansado de tener que
fingir ser otra persona para recibir cariño, porque decía que nadie iba a
quererle tal y como es.
Y tenía razón,
no creo que nadie le quisiese jamás tanto como yo le quise.
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Elena Rando Guerrero
translúcida.
by Mónica Vidal
La luz me traspasa y me encuentro ausente, una imagen nítida para la vista, tan horrible de captar. Estoy, pero aveces me siento partícula de polvo, no soy visible ni parpable, además doy alergia.
Llegó la chica invisible a vuestras aulas, la que tiene miedo a la sociedad, mi timidez toco fondo y se metamorfosea en miedo, miedo a la gente, mi voto de silencio no es en vano, siempre habrá más posibilidades de no meter la pata así.
En qué me he convertido, soy simpática y alegre, aun que triste, mi alegría causa de querer hacer feliz a la gente cuando no puedo hacerlo conmigo misma, aunque, que más da (que de nexos) si la gente no lo sabe.
La gente cambia, y el agua no viene del grifo, algo me haría cambiar, llegó un momento en el que dejé de confiar, llego el día en el que mi vaso estaba medio vació, me llegó la voz tortuosa, ese día decidí que me gusta estar sola.
Llegó la chica invisible a vuestras aulas, la que tiene miedo a la sociedad, mi timidez toco fondo y se metamorfosea en miedo, miedo a la gente, mi voto de silencio no es en vano, siempre habrá más posibilidades de no meter la pata así.
En qué me he convertido, soy simpática y alegre, aun que triste, mi alegría causa de querer hacer feliz a la gente cuando no puedo hacerlo conmigo misma, aunque, que más da (que de nexos) si la gente no lo sabe.
La gente cambia, y el agua no viene del grifo, algo me haría cambiar, llegó un momento en el que dejé de confiar, llego el día en el que mi vaso estaba medio vació, me llegó la voz tortuosa, ese día decidí que me gusta estar sola.
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