Batalla sin armas
by Rocío
Suspira, cierra los ojos y calla
al llegar la tormenta abrasadora.
Tormenta que sin piedad mueve
y hace temblar su alma.
Tras ella la noche intranquila
la cual ni consuela ni calma
el collar de perlas
que en sus mejillas arrastra.
Aparece curiosa el alba
pasada la oscura negrura.
Y los últimos golpes resiste,
mas cansada ella se rinde.
Afronta dignamente su derrota
y así gana su ansiada victoria.
¡Y ahora, pequeña mía,
respira, sonríe y habla!
Etiquetas:
Rocío
☼
by Elena Rando
Eran exactamente las seis y media de la mañana. Todos los
días me levantaba a las seis y media de la mañana, menos los viernes, sábados y
domingos. A las siete en punto empezaba un nuevo capítulo de Doctor Who, y yo
lo veía mientras desayunaba. La tostadora estaba rota y mis tostadas solían
quemarse, pero no me importaba, porque aunque estuviesen quemadas seguían
estando buenas. Y siempre les untaba mantequilla de oliva, de esa que tiene un
color más verdoso que la normal y está más buena. Todas las mañanas me pregunto
por qué a la gente le sigue gustando más la mantequilla antigua, tan áspera y
tan... amarilla.
Las horas de amanecer eran mis favoritas. Hay gente a la que irse a dormir no le asusta, porque consideran la cama un refugio ante todo lo que ocurre durante el día. Es como si el aire del resto del planeta fuese espeso, hecho de gelatina, y la cama fuese el único espacio donde se pudiese respirar con normalidad.
Yo
no formo parte de esa gente. Por la noche todo me preocupa, porque los
problemas se esconden en la oscuridad y me acechan. Aprovechan que no puedo
verlos con claridad, y juegan conmigo. Hacen que piense y piense sin parar en
el detalle más absurdo. La noche puede torturarme si se le antoja, pero hace
tiempo que sé como dominarla. Cuando me doy cuenta de que estoy meditando demasiado,
me detengo a mí misma, dejo la mente en blanco y consigo dormir.
Por
eso, me gustaba ver como la punzante desnudez de la noche dejaba pasar a los
primeros rayos tímidos de la mañana, como poco a poco el día empezaba a cobrar
sentido. En aquellas horas todo empezaba a moverse, y daba la sensación de que
la ciudad entera bostezaba al unísono antes de ceñirse a sus estrictas rutinas,
una vez más.
Justo a esa hora, mi compañero de piso, Benjamin, salía de la cama —o más bien se arrastraba fuera de ella— para ir a trabajar. Mi compañero era de las personas a las que el día les ahogaba, él amaba dormir. Nunca lo escuchaba salir de su dormitorio porque yo estaba pendiente de la televisión, pero siempre se hacía notar dejándose caer en el sofá, haciendo que los muelles emitiesen un crujido.
Benjamin se hacía llamar Benny, aunque protestaba diciendo que era un apodo tonto de peluche o de mascota. Era evidente que su nombre le gustaba en secreto, o al menos que estaba demasiado acostumbrado a él como para pedir que le llamasen de otra manera.
Justo a esa hora, mi compañero de piso, Benjamin, salía de la cama —o más bien se arrastraba fuera de ella— para ir a trabajar. Mi compañero era de las personas a las que el día les ahogaba, él amaba dormir. Nunca lo escuchaba salir de su dormitorio porque yo estaba pendiente de la televisión, pero siempre se hacía notar dejándose caer en el sofá, haciendo que los muelles emitiesen un crujido.
Benjamin se hacía llamar Benny, aunque protestaba diciendo que era un apodo tonto de peluche o de mascota. Era evidente que su nombre le gustaba en secreto, o al menos que estaba demasiado acostumbrado a él como para pedir que le llamasen de otra manera.
A
Benny no le gustaba madrugar. Siempre se ponía de mal humor, y refunfuñaba, y
decía más palabrotas de lo habitual. Él no era un hombre atractivo, pero había algo que le hacía agradable a la vista a pesar de ser pálido y lampiño. Su rostro estaba dibujado casi únicamente con líneas rectas; tanto su nariz como sus pómulos y su mandíbula eran totalmente angulares. Su boca, en cambio, era capaz de ser especialmente expresiva. Sus ojos eran grandes y saltones, color aceituna, y tenía el cabello oscuro y liso, pero recién
levantado siempre estaba alborotado. Él intentaba dominar su propio pelo con
movimientos torpes y somnolientos, y yo me reía. Parecía una ardilla mareada.
— Buenos días — le decía.
Y pocas
veces había una palabra como respuesta, normalmente se limitaba a gruñir.
Pero a
Benny le encantaba desayunar. Le encantaban todas las demás comidas del día,
que en su caso eran unas quince. Benny comía mucho, muchísimo, y no engordaba. No estaba ni
delgado ni gordo, sino que su apariencia externa permanecía heroicamente
indiferente a lo que se metiese en el estómago. Su metabolismo era un verdadero
misterio, y él no dudaba en aprovecharlo alimentándose de todo tipo de
porquería.
No obstante, todos descubrimos con ingrata sorpresa que una invulnerabilidad
superficial no conllevaba necesariamente a una interior. Benny estuvo enfermo
la primera semana de enero del 2006 por haber bebido una cantidad inhumana de
soda durante la víspera de Año Nuevo. Me acuerdo después de tantos años porque
fue horrible. Desde entonces, siempre que estuviese excediéndose le recordábamos lo que le pasó, pero no le importaba. Nunca jamás
he conocido a una persona más terca.
En
ocasiones venía a visitarme a la
biblioteca, donde trabajo, y yo le enseñaba libros sobre dinosaurios. Le
gustaban los dinosaurios. De hecho, es lo único de lo que podía leer sin quedarse
dormido o sin que le entrase dolor de cabeza. Benny también montaba maquetas, tenía
un montón de maquetas de robots. Y las pintaba. Y las trataba con cautela y suavidad, algo que era muy extraño en él.
También solía
quedarse hasta tarde delante del ordenador, y jugaba a juegos de rol. Todas las
primaveras, cuando la alergia me atacaba y me costaba tanto respirar que no
podía dormir, siempre me sentaba en el sofá con los ojos cerrados, y me dejaba
mecer por el mecánico sonido de su personaje en el juego conjurando maldiciones
y chillando. Un pequeño caos ficticio donde él se refugiaba, porque en el fondo,
muy en el fondo, había algo con lo que no era feliz. Había algo en su
personalidad simple y directa que se enredaba súbitamente, una espina clavada
en su infranqueable muro de satisfacción.
Benny era
vago, ordinario, desordenado, un hombre pueril y desaliñado a punto de cumplir
treinta años. Él era una persona natural y espontánea, quizá demasiado. Y se mostraba orgulloso ante su manera de actuar, pero, en
realidad, no siempre lo estaba. En ocasiones olvidaba que los demás sí tienen
miedo a hacer el ridículo, aunque él no lo tuviese. Estaba cansado de tener que
fingir ser otra persona para recibir cariño, porque decía que nadie iba a
quererle tal y como es.
Y tenía razón,
no creo que nadie le quisiese jamás tanto como yo le quise.
Etiquetas:
Elena Rando Guerrero
translúcida.
by Mónica Vidal
La luz me traspasa y me encuentro ausente, una imagen nítida para la vista, tan horrible de captar. Estoy, pero aveces me siento partícula de polvo, no soy visible ni parpable, además doy alergia.
Llegó la chica invisible a vuestras aulas, la que tiene miedo a la sociedad, mi timidez toco fondo y se metamorfosea en miedo, miedo a la gente, mi voto de silencio no es en vano, siempre habrá más posibilidades de no meter la pata así.
En qué me he convertido, soy simpática y alegre, aun que triste, mi alegría causa de querer hacer feliz a la gente cuando no puedo hacerlo conmigo misma, aunque, que más da (que de nexos) si la gente no lo sabe.
La gente cambia, y el agua no viene del grifo, algo me haría cambiar, llegó un momento en el que dejé de confiar, llego el día en el que mi vaso estaba medio vació, me llegó la voz tortuosa, ese día decidí que me gusta estar sola.
Llegó la chica invisible a vuestras aulas, la que tiene miedo a la sociedad, mi timidez toco fondo y se metamorfosea en miedo, miedo a la gente, mi voto de silencio no es en vano, siempre habrá más posibilidades de no meter la pata así.
En qué me he convertido, soy simpática y alegre, aun que triste, mi alegría causa de querer hacer feliz a la gente cuando no puedo hacerlo conmigo misma, aunque, que más da (que de nexos) si la gente no lo sabe.
La gente cambia, y el agua no viene del grifo, algo me haría cambiar, llegó un momento en el que dejé de confiar, llego el día en el que mi vaso estaba medio vació, me llegó la voz tortuosa, ese día decidí que me gusta estar sola.
ella.
by Mónica Vidal
Cuando morimos, nuestro cuerpo se vuelve gélido y nuestra piel nívea, río
de venas que ya no fluye, nuestra expresión ahora eterna y nuestra conciencia
nula, quizás, lo más sorprendente de todo este misterioso proceso, sea que
nuestra masa es 21 gramos menor.
¿A dónde fueron esos 21 gramos?
¿Perdimos
una oreja por el camino tal vez?
¿O los gusanos empezaron a cenar pronto? ...
¿No sería maravilloso que fuese la ausencia del alma?
Puede que al morir el alma escapara de su claustrofóbico molde, puede que
ella pesara 21 gramos, ahora que nadie la necesitaba, ya nada le retenía.
-
¿Eres tú 21 gramos de mi peso?
Se
quedó callada y jamás contestó.
Nuestro
cuerpo perdió su esencia, ella le
abandonó y fue lejos, dicen que vaga en
los confines del universo, observándolo todo, vigila el movimiento de los
satélites, la danza lenta de los planetas..
Eres
muerto y ella vida, vida que no se ve, pero que lo ve todo al mismo tiempo.
Puede
que un día ella vuelva como un golpe al corazón, puede que regrese a su antiguo
lugar destinado, te acaparará y tus ojos putrefactos reflejarán la luz, hasta la materia más minúscula de tu recóndito
cuerpo se reincorporará a una danza
lenta, queriendo imitar los planetas, cada vez más rápido , más , mucho más.
El
universo paró y retrocedió, la gente ya
no anda hacia delante , sino hacia atrás ,naceremos de la muerte, y moriremos
al engendrarnos.
21
gramos
de vida
que lo significan
todo
y a la vez
nada.
Cuándo
muera, querida alma si puedes escucharme, no me gustaría verte de nuevo, solo
quiero vivir una vez.
Etiquetas:
Mónica Vidal Pérez.
Oraciones subordinadas adjetivas
by Víctor
■ Función.- Son aquellas que desempeñan en la oración compuesta el papel de un adjetivo, es decir, el de modificador de un sustantivo, pero sin preposición.
Las oraciones adjetivas, salvo que estén sustantivadas, se encuentran dentro de un grupo nominal.
Adela es una chica que resulta encantadora
A veces las oraciones adjetivas pueden sustituirse por un adjetivo, pero no siempre.
El individuo que come mucho… → El individuo comilón
El concierto que oímos ayer… → (no se puede)
■ Nexos.- Van introducidas por un relativo que se refiere a un antecedente explícito. Pueden ser:
· Un pronombre relativo: que, quien quienes, el cual, la cual…
El señor a quien he saludado es mi profesor de lengua
El regalo, con el cual me sorprendiste, me gustó mucho.
· Un adverbio relativo: donde, cuando, como.
La calle donde quedamos no está lejos
· Un determinante relativo: cuyo, cuya, cuyos, cuyas.
El entrenador cuyo equipo ganó fue abucheado
Estos relativos, además de servir de nexo a la subordinada, cumplen una función dentro de su oración:
· Para averiguar la función del pronombre relativo se sustituye éste por el sustantivo, pronombre o sintagma nominal que le precede: su función será la misma que la de aquellos.
· Los adverbios relativos desempeñan en la subordinada la función de complemento circunstancial.
· Los determinantes relativos desempeñan la función de actualizadores.
Clases de proposiciones adjetivas.
- Adjetivas especificativas.- Complementan a un sustantivo delimitando o restringiendo su significado.
El cine que está en la plaza estrena mañana la última película de Almodóvar
- Adjetivas explicativas.- Añaden una nota significativa meramente explicativa, sin delimitación alguna del contenido del sustantivo. En la lengua escrita aparecen separadas por comas.
El cine, que está en la plaza, estrena mañana la última película de Almodóvar
Etiquetas:
Víctor
Sueños
by Rocío
Sueños. Conjunto de 6 letras que forman la palabra más hermosa que puedas escuchar. Una palabra dulce. Melodiosa. Pero, cierra un momento los ojos y piensa en su significado. Escúchala mentalmente. ¿Es ahora tan hermosa como se escucha?
Los sueños son intangibles. Irreales. Traicioneros… Se podría decir que no son más que un producto de nuestra imaginación. Una muestra de nuestros deseos más profundos. Un viaje que nuestra mente hace para llegar al rincón en el que guardamos las esperanzas.
Irónico ¿no? En el único momento en el que no te mueves es cuando haces todo aquello que nunca te atreviste a hacer. El mundo gira a nuestro alrededor mientas permanecemos parados. Moviéndonos sin que nuestros músculos trabajen.
Cuando nuestros ojos se cierran una luz azulada se posa sobre nuestras mejillas. Sobre nuestros parpados. Nuestras manos. Nuestros labios. Una luz azulada se posa sobre nosotros, hechizándonos, haciendo inconfundibles los sueños. Haciendo que nuestro mundo deje de ser mundo. Convirtiendo un paisaje agreste, en un bello prado lleno de flores. Convirtiendo el más seco desierto, en un lago de aguas cristalinas. Colocando sobre el blanco techo un manto de estrellas. Tornando lo alto en bajo. Haciéndolo todo más cortó. Eliminando las distancias. Los márgenes. Los estereotipos. Borrando las formas. Suprimiendo nuestros miedos.
La luz de la luna nos vuelve valientes. Nos embruja. Nos conduce hacia el sitio más hermoso. Hacia el sitio deseado. Con la compañía esperada. En una situación mil veces imaginada, pero nunca real. Aunque en ese momento si lo es, real en nuestra mente. Existente en nuestros sueños. En los que, como siempre, el amor juega un papel importante.
Pues todos hemos soñado estar con la persona por la que nuestras piernas tiemblan. Con estar con la persona por la que nuestro corazón se acelera. Con la única capaz de hacer que mil escalofríos recorran nuestra espalda, con solo una caricia. Todos hemos soñado estar frente a esa persona. Todos hemos soñado que en el preciso momento en el que nos mira no cerramos los ojos.
En sueños no somos cobardes. No huimos. No esperamos. No nos alejamos de aquello que queremos.
Pero al despertar, al abrir los ojos, la realidad nos inunda. Volviendo a nosotros la claridad. Y tras un duro día tienes delante sus ojos. Hermosos y sinceros. Los mismos ojos que hace solo una hora nos miraban embelesados. Los mismos que hace unas horas nos gritaban que nos amaban. En sueños. Solo en sueños. Frente a nosotros sus manos. De tacto delicado, al tiempo que fuertes y protectoras. Las mismas manos que hace solo unas horas nos acariciaban. Deslizando la yema de sus dedos sobre nuestra piel. Haciendo que mil mariposas se agolpasen en nuestro estómago. Ahora las sentimos. Pero no nos acaricia. Ahora la miramos. Disimuladamente. Cobardes. Tanto como valiente fuimos en sueños.
Sueños, sarta de engañifas. Sueños volátiles y pasajeros. Porque, ¿alguien recuerda un sueño tras un largo día de adversidades? No. Nuestra mente se encarga de olvidarlos para que con ellos no podamos comparar la realidad.
Mas, con nosotros queda la esencia. Con nosotros pervive un rayo de esa luz azulada que por la noche custodia nuestros sueños. Luz de luna. La misma luna que si despiertos nos acoge, al creernos dormidos, convierte a la realidad nuestros deseos y esperanzas.
Los sueños son intangibles. Irreales. Traicioneros… Se podría decir que no son más que un producto de nuestra imaginación. Una muestra de nuestros deseos más profundos. Un viaje que nuestra mente hace para llegar al rincón en el que guardamos las esperanzas.
Irónico ¿no? En el único momento en el que no te mueves es cuando haces todo aquello que nunca te atreviste a hacer. El mundo gira a nuestro alrededor mientas permanecemos parados. Moviéndonos sin que nuestros músculos trabajen.
Cuando nuestros ojos se cierran una luz azulada se posa sobre nuestras mejillas. Sobre nuestros parpados. Nuestras manos. Nuestros labios. Una luz azulada se posa sobre nosotros, hechizándonos, haciendo inconfundibles los sueños. Haciendo que nuestro mundo deje de ser mundo. Convirtiendo un paisaje agreste, en un bello prado lleno de flores. Convirtiendo el más seco desierto, en un lago de aguas cristalinas. Colocando sobre el blanco techo un manto de estrellas. Tornando lo alto en bajo. Haciéndolo todo más cortó. Eliminando las distancias. Los márgenes. Los estereotipos. Borrando las formas. Suprimiendo nuestros miedos.
La luz de la luna nos vuelve valientes. Nos embruja. Nos conduce hacia el sitio más hermoso. Hacia el sitio deseado. Con la compañía esperada. En una situación mil veces imaginada, pero nunca real. Aunque en ese momento si lo es, real en nuestra mente. Existente en nuestros sueños. En los que, como siempre, el amor juega un papel importante.
Pues todos hemos soñado estar con la persona por la que nuestras piernas tiemblan. Con estar con la persona por la que nuestro corazón se acelera. Con la única capaz de hacer que mil escalofríos recorran nuestra espalda, con solo una caricia. Todos hemos soñado estar frente a esa persona. Todos hemos soñado que en el preciso momento en el que nos mira no cerramos los ojos.
En sueños no somos cobardes. No huimos. No esperamos. No nos alejamos de aquello que queremos.
Pero al despertar, al abrir los ojos, la realidad nos inunda. Volviendo a nosotros la claridad. Y tras un duro día tienes delante sus ojos. Hermosos y sinceros. Los mismos ojos que hace solo una hora nos miraban embelesados. Los mismos que hace unas horas nos gritaban que nos amaban. En sueños. Solo en sueños. Frente a nosotros sus manos. De tacto delicado, al tiempo que fuertes y protectoras. Las mismas manos que hace solo unas horas nos acariciaban. Deslizando la yema de sus dedos sobre nuestra piel. Haciendo que mil mariposas se agolpasen en nuestro estómago. Ahora las sentimos. Pero no nos acaricia. Ahora la miramos. Disimuladamente. Cobardes. Tanto como valiente fuimos en sueños.
Sueños, sarta de engañifas. Sueños volátiles y pasajeros. Porque, ¿alguien recuerda un sueño tras un largo día de adversidades? No. Nuestra mente se encarga de olvidarlos para que con ellos no podamos comparar la realidad.
Mas, con nosotros queda la esencia. Con nosotros pervive un rayo de esa luz azulada que por la noche custodia nuestros sueños. Luz de luna. La misma luna que si despiertos nos acoge, al creernos dormidos, convierte a la realidad nuestros deseos y esperanzas.
Etiquetas:
Rocío
Oraciones subordinadas sustantivas para analizar
by Víctor
Dijo que volvería pronto.
El que te enfades no va a cambiar las cosas.
La policía no permitía que se aparcara a la puerta de la iglesia.
Le rogó que fuese a Cádiz.
Tengo ganas de que vengas.
El que llegó tarde bailaba muy bien.
Lourdes afirmó que vendría.
La asociación otorgó el premio a quien sabemos.
Fue acusado por quienes menos pensábamos.
He perdido la esperanza de que vuelva.
Estábamos seguros de que aprobaría.
Dígame si han quedado satisfechos.
Pablo descubrió que algunos alumnos de la E.S.O salían en los recreos.
Conviene que vayas temprano.
Ayer me acordé de que hoy es tu cumpleaños.
Me preocupa si se extenderá la epidemia.
Le preguntaron si continuaba enfermo.
No ponía inconvenientes a que la acompañase a casa.
Sergio comprobó que la herida se le infectaba y que comenzaba a sentir fiebre.
Mañana te contaré lo que vimos el domingo.
Estaba harta de que le diesen codazos en el autobús.
Llamó la atención que gritaras así.
No digas: “De aquí no pasaré”.
Los niños hablaban de lo que habían oído.
Es una pena que sea tan pobre.
Avisaron del peligro a los que estaban en la calle.
No sabemos si has recibido los documentos.
Le molestó que pudiera conocer sus intenciones.
El asunto fue propuesto por los que presidían la mesa.
Lo que cuesta poco, no se agradece.
Me inquieta que salgas muy tarde.
Estaba seguro de que eran ellos.
Lo que no se empieza, no se acaba.
No pasa seguro quien corre por el muro.
Manoli no recordaba que habíamos desayunado juntos aquel día.
Dime dónde has estado.
Tuve la sensación de que aquello era una tontería.
Dile a Pedro que venga pronto.
La conferencia ha tratado de lo que hablábamos ayer.
No les importaba que los vieran.
Me extraña que sigáis atendiendo aún.
No sabrá contestar las preguntas del cuestionario.
Es cierto que perdéis mucho tiempo con tanta carrera.
Te agradezco que sigas arriesgándote por mí.
Rafa estuvo cerca de que lo moliesen a palos.
Me alegro de que Juan siga con Laura.
Se le ocurrió que podría copiar en un examen de Lengua.
Miguel me contó que amaba a Maria Luisa en secreto y no era correspondido por ella.
Respondió que no le molestáramos.
No sabrá dónde contestar las preguntas del cuestionario.
Afrontar la realidad es tu obligación.
Expuso cuáles eran sus planes.
No admitieron a quienes llegaron tarde a las pruebas.
Mi mirada la convenció de que yo lo sabía todo.
Desconocemos quién está detrás de este asunto.
Te emocionaba mucho que te regalaran algo.
Fue increíble que no se cayera.
Quien habla por teléfono ahora contigo no es quien habló ayer.
Jesús dedica todo su esfuerzo a que su negocio prospere.
No sabrá si contestar las preguntas del cuestionario.
Me llamó la atención el que sintiera vergüenza ante mí.
Entregaremos un trofeo a los que terminen primero.
Etiquetas:
Víctor
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
